Te cuento

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Cuentos cortos para que dejes volar tu imaginación y le des sentido a tu vida.

Mayura Sitges

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Cuento Corto: Apego al Mundo

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Ibn Arabi, considerado el “Sheikh más grande” del Sufismo, conoció a un pescador devoto y ascético en sus viajes por Túnez. El pescador vivía en una choza de barro. Todos los días, salía con su barco a pescar y distribuía todo lo que pescaba entre los pobres. Tan solo se guardaba para él una cabeza de pescado, que cocinaba para la cena.

El pescador se hizo derviche de Ibn Arabi y, al final, también él llegó a ser sheikh. Cuando uno de sus derviches se diponía a salir de viaje para España, el pescador le pidió que visitara a Ibn Arabi y que le rogase que le enviara algún consejo espiritual, pues sentía que no había hecho ningún progreso desde hacía muchos años.

Cuando el derviche llegó a la ciudad de Ibn Arabi, preguntó dónde podía encontrar al gran sheikh sufí. Los lugareños le indicaron una mansión suntuosa encima de una colina y le dijeron que ésa era la casa del sheikh. Al derviche, le sorprendió lo mundanal que debía ser Ibn Arabi, especialmente en comparación con su querido sheikh, un simple pescador.

De mala gana se puso en marcha hacia la mansión. El derviche se preguntaba cómo un sheikh podía ser tan materialista. Cuando llegó a la mansión, al discípulo se le confirmaron sus temores. Aquí, había más riquezas y lujo de lo que el más atrevido podía soñar. Los muros eran de mármol con taracea. Los suelos estaban cubiertos de lujosas alfombras. Los sirvientes llevaban vestidos de seda.

Cuando éste preguntó por Ibn Arabi, le dijeron que el maestro estaba visitando Califa y que estaría de vuelta al poco rato. Después de una corta espera, el discípulo vio un cortejo que avanzaba hacia la casa. Primero, llegó la guardia de honor de los soldados del Califa, con armaduras y armas relucientes, montada en hermosos caballos árabes.

Entonces llegó Ibn Arabi, vestido con magníficas ropas de seda y un turbante digno de un Sultán. Cuando llevaron al derviche a ver a Ibn Arabi, le transmitió el mensaje de su sheikh y reaccionó con asombro e indignación cuando Ibn Arabi le dijo: “Dile a tu maestro que su problema es que está demasiado apegado al mundo”. Cuando el derviche volvió a su casa, su sheikh le preguntó ansiosamente si había visitado al maestro. De mala gana, el derviche admitió que sí. “Y bien, ¿te ha dado algún consejo para mí?”. Al final el derviche tuvo que contarle.

El pescador se puso a llorar. Su discípulo, atónito, preguntó cómo Ibn Arabi, viviendo en medio de semejante lujo, se atrevía a decirle que estaba demasiado apegado al mundo.

“Tiene razón”, dijo el sheikh. “A él, verdaderamente no le importa nada de lo que tiene, pero cada noche, cuando yo me como mi cabeza de pescado, desearía que fuese un pescado entero”

Sheikh Muzaffer Ozak

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